Parroquia San Sebastián (de pasaquina)
HISTORIA

20 de Enero

San Sebastián

Mártir   (hacia 288)

“No hay caridad mayor que la del que acepta la muerte por sus hermanos.
En este sentido, Sebastián, discípulo verdadero y fiel, muestra A los hombres con su martirio la suprema prueba de amor.”

El emperador Galieno había anulado en el año 260 los edictos de persecución contra los cristianos. Siguió en periodo de paz durante el que los cristianos, aunque no estaban reconocidos oficialmente, eran apreciados por muchos, y algunos ocupaban puestos de importancia en la administración publica. Este clima favoreció muchísimo el crecimiento y la organización de la iglesia cristiana.

Diocleciano, que empezó a gobernar en 284, quiso mantener esta política de paz, pero años después, por instigación de su yerno el “Cesar” Galerio, dio vía libre a una de  las persecuciones mas crueles de todo el imperio.

Los datos históricos incuestionables

Sebastián, según testimonio de San Ambrosio, había nacido en Milán, de padre narbonense y madre milanesa. Allí sé crío y se educo en la fe cristiana, y alrededor de 283 entro en el ejercito, donde llego a ser jefe de la primera cohorte de la guardia imperial de Roma. Cuando estallo la persecución de Diocleciano, ayudo a muchos cristianos hasta que fue descubierto, condenado al martirio y enterrado en la vía Appia, en las catacumbas que mas tarde llevarían su nombre.

La versión de Arnobio

 Estos son los escasos datos históricamente seguros que conocemos, pero en la “pasión” escrita por el monje Arnobio el Joven se nos dan otras noticias que adornan la escueta historia.

Sebastián, por su valor militar, fue honrado por el emperador con la “jefatura de la primera formación” y por su ayuda a los cristianos el papa Cayo lo llamo “Defensor de la Iglesia”.

Llamado a declarar, el emperador en persona le hablo en estor términos: “Te he puesto entre los grandes, te he dado libre entrada en mi palacio ¿y tu conspiras contra mi salud e injurias respondió: “Siempre he rezado a Cristo por tu Salud, y por la seguridad del Estado en todo el imperio he adorado siempre al Dios que esta en los Cielos”

Diocleciano lo condeno a muerte y ordeno a un grupo de arqueros que ejecutara la sentencia fuera de Roma, en el campo. Atado a un árbol y atravesado por multitud de flechas, fue abandonado para que lo devorasen los animales salvajes.
Irene, una matrona cristiana, fue a recuperar el cadáver, pero al ver que San Sebastián seguía  con vida, se lo llevo a cada y cuido de el.

Recuperada la salud, Sebastián se dirigió al palacio imperial y se presento ante Diocleciano. El Emperador, cogido por sorpresa, escucho a aquel resucitado que le señalaba el gran error y la gran injusticia que estaba cometiendo al perseguir a los cristianos, fieles servidores de Cristo pero también del imperio.

Diocleciano lo entrego esta vez  a los flageladores que lo mataron a latigazos y lo arrojaron a una cloaca. Otra matrona, Lucina, recogió el cadáver y le dio cristiana sepultura.

Al margen de la credibilidad de esta versión, son perceptibles las practicas cristianas de la época. Los miembros de la comunidad no escatimaban esfuerzos en socorrer a los hermanos perseguidos, visitarlos en la cárcel, ayudarles en los tribunales, cuidar de su tumba y venerar su recuerdo.

Y no deja de ser admirable que personalidades de alcurnia arriesgaran su posición en incluso la vida para ayudar a los condenados al martirio, aunque se tratara de simples esclavos.